Por qué es mala idea montar un motor de 150 caballos a un kart

 

Hay pocas cosas más divertidas que ponerse a los mandos de un kart secuencial, en eso estamos de acuerdo. Sentir la aceleración del motor, el baile del kart de curva en curva, apurar el vértice en busca de la trazada perfecta… ¿A quién no le gusta esa sensación?

Como corredores, siempre queremos más. Nos exigimos más de nosotros mismos como pilotos y también pedimos más de nuestro kart, porque queremos llevarlo al máximo y arañar unas décimas preciosas sea como sea. Sin embargo, toda pasión tiene sus límites y aunque la velocidad nos lleve a hacer locuras, hay fronteras que conviene no traspasar si le tenemos estima a nuestra integridad física.

De esa cautela precisamente carece un apasionado del motor francés que ha tenido una de las ideas más descabelladas que nos pueden venir a la memoria: instalar el motor de una Suzuki Hayabusa en el chasis de un kart de competición. Se trata de un propulsor que entrega más de 150 caballos de potencia y que permite superar los 300 kilómetros/hora. No hace falta ser un genio para deducir los riesgos que eso supone para quien se ponga detrás del volante.

El ‘kart Hayabusa’ es una obra de artesanía que se creó en el garaje de una casa particular. Ahí, un individuo compró un chasis de competición usado por 700 euros y lo convirtió en un auténtico cohete. Lo primero que hizo fue desmontar el motor y caja de cambios originales, así como la sección trasera del chasis. A continuación reforzó la zaga y la alargó para ajustarse a las dimensiones y el peso del nuevo motor. Finalmente, ‘sólo’ quedó la tarea de unir las dos piezas y asegurarse de su correcto funcionamiento para la primera puesta sobre asfalto.

El bautizo en pista del Hayabusa tuvo lugar en una carretera pública francesa. Inmediatamente fue evidente que un chasis tan humilde se convierte en un mar de nervios cuando recibe la entrega de un propulsor tan descomunal. El par motor es brutal y extremadamente difícil de gestionar, lo que deriva en frecuentes patinajes de las ruedas por su incapacidad de lidiar con la capacidad de aceleración de la máquina. La relación peso/potencia del kart lo haría desaconsejable a todo aquel que aprecie su vida.

 

 

Nos gusta la velocidad y en consecuencia es imposible no sonreír ante semejante invento, aunque sin perder de vista el peligro que supone. Tampoco hay que perder de vista que dos de las fortalezas de un kart son la agilidad en el paso por curva y la sensibilidad en aceleración, y ambas se ven seriamente comprometidas cuando el piloto tiene que lidiar con un motor tan sobredimensionado. Para divertirse y no sufrir por una visita al hospital, mejor subirse a uno de los Sodikart Sodi RT8 del Carlos Sainz Center. Fiables, ágiles, rápidos ¡y resistentes!

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